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INSTRUCTIVO PARA SER PIEDRA. 26

Instructivo para ser piedra es un proyecto de investigación/creación que explora las tensiones entre lenguaje, materialidad y relacionalidad. A partir de la pregunta imposible de cómo “ser piedra”, la obra propone un desplazamiento perceptivo que cuestiona los modos hegemónicos de vincularnos con lo no humano. El instructivo, concebido como gesto irónico, expone el fracaso inherente de toda tentativa de mimetización y abre un campo para pensar desde la vulnerabilidad, la duda y la escucha.

El proyecto articula fotografía, sonido y escritura asémica en un libro expandido que funciona como territorio más que como objeto editorial. Las rocas registradas, el sonido del mar y un conjunto de grafías ilegibles componen una experiencia que rehúye la linealidad y convoca a una percepción sensible y porosa. La escritura asémica —inspirada en prácticas como las de Mirtha Dermisache y León Ferrari— opera como umbral donde el signo se independiza del sentido y se vuelve ritmo y resonancia.

Lejos de ofrecer instrucciones claras, Instructivo para ser piedra despliega una poética del desvío: invita a fracasar como método, a desobedecer la exigencia de legibilidad y productividad, y a imaginar formas de co-presencia donde lo humano no es centro sino parte de una trama más amplia. El libro resultante es archivo, paisaje y pregunta; un dispositivo para reconsiderar qué puede el lenguaje cuando renuncia a nombrar y se atreve a escuchar.

El instructivo, entonces, no dicta acciones sino que habilita un tiempo expandido donde la piedra deja de ser objeto para devenir interlocutora silenciosa. En este encuentro, la obra propone pensar la creación como un acto de reciprocidad material y afectiva, un ejercicio de atención que interrumpe la velocidad del mundo y permite habitar, aunque sea por un instante, la densidad de lo que no tiene voz pero sostiene nuestras historias.

 

El libro no busca construir una narrativa ni ofrecer una taxonomía, sino insistir en la imposibilidad de fijar una sola forma de mirar lo mineral. Cada piedra aparece como un fragmento de tiempo geológico que desborda cualquier intento de interpretación humana, recordando que toda clasificación es siempre insuficiente. En el despliegue del tríptico, las capas —la escritura críptica, el rumor del paisaje, la repetición visual— componen un modo de lectura que no se sostiene en el entendimiento, sino en la experiencia sensible: un tránsito lento que invita a permanecer con lo indescifrable. Así, la pieza se convierte en un pequeño territorio portátil donde lo que importa no es descubrir un mensaje oculto, sino sostener la pregunta de cómo estar con aquello que excede nuestros lenguajes.

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